jueves, 27 de septiembre de 2012

La ominosa avalancha de los datos nuestros de cada día.



Mi primer contacto con el concepto “base de datos” se dio cuando estuve trabajando como capturista para una dependencia del Gobierno Federal (la Conabio), una institución educativa mexicana la (UACh) y otra universidad en los EUA (The University of Texas at Austin). En ambos casos la meta era la misma: maximizar la velocidad de registro de información al mínimo costo. El pago al empleado, en ambos casos, era a destajo. Yo me preguntaba, “¿pero, cuál es la prisa?”; bueno, yo cumplí mi(s) contrato(s) y me alejé de ese medio. Años después, comprendo la urgencia de mis empleadores por registrar la información a la brevedad: algo llamado “Minado de Datos”.

De eso, precisamente trata “Los Numerati” (de Stephen Baker), o de cómo los pequeños y aparentemente anodinos clicks que damos por aquí y por allá mientras navegamos por internet, van poco a poco revelando más y más sobre nosotros: como empleados, consumidores, votantes, blogueros, pacientes y por último, como entes sexuales buscando (a veces frenéticamente) de llenar una necesidad básica llamada “amor”.


Estos famosos “Numerati” (que sí son reales) al parecer no tienen (¿o sí?) relación con los la sociedad secreta de los illuminati; luego entonces, ¿quiénes son los Numerati? ¿Cuáles son sus propósitos? La respuesta es simple: son los analistas que se encargan de interpretar los datos capturados previamente en las fábricas (digo, universidades) de trabajo esclavo (perdón, estancias de becario).

Al capturista se le limita a ver los árboles, pero son los Numerati quienes se encargan no sólo de ver el bosque completo, sino elaborar el modelo (y esto es lo más importante) que describirá el ecosistema completo, con las interacciones correspondientes. Los Numerati son los encargados de dar el salto cuantitativo al cualitativo a través de sus interpretaciones teóricas.

Vamos a poner un ejemplo un tanto simplificado, original del autor de este blog, para explicar más a detalle cómo funciona el sistema de los Numerati. Supongamos que el joven Hamza, un musulmán radicado en México, descubre que es difícil encontrar tapetes para realizar la oración o salat, que contempla el Islam, y que las alfombras importadas para este fin son muy caras. Luego, Hamza descubre la forma de producir dichos tapetes en México, a un costo menor y en gran escala.



Pasa el tiempo, y Hamza se va haciendo de clientela y va registrando los nombres y direcciones de quienes le compran sus tapetes de oración. Tal vez sin saberlo, poco a poco nuestro vendedor está creando una base de datos de los Musulmanes practicantes en todo México; pues está vendiendo un producto dirigido a un cliente de características muy específicas.

Ahora sólo falta que un Numerati (o el propio Hamza) se percate que con esa lista de nombres y direcciones, puede venderles sus datos su primo Yusuf, quien está por abrir una cadena de restaurantes de comida árabe, con certificación Halal (es decir, lo permitido, el equivalente del Kosher judío). Basta con enviar a las casas de los clientes de Hamza un tríptico ofreciendo los servicios del restaurante halal.

Ahora, tenemos una sencilla base de datos con nombre, dirección y algo más importante: la religión de los clientes de Hamza. El tener registrado implícitamente este último dato (preferencia religiosa) es algo que ahora tanto Hamza como Yusuf es algo que los podría llevar en algún momento al dilema ético de si pueden o no compartir esos datos con terceras personas, físicas o morales.

Por eso, en el fascinante mundo o “nube” de internet, los recolectores de datos “generalmente” plantean en sus códigos de conducta conocer la cantidad de clientes que gustan o no de cierto producto sin asociarlo con personas en particular; es decir, se interpreta la personalidad de cierto sector de la población, sin asociarlo con los datos personales. A veces, el mundo del marketing y el de la información privada se pueden entrecruzar peligrosamente.

Ahora demos un giro ligeramente más dramático al asunto. Recordemos que en película de “Se7en” (David Fincher, 1995) entran en juego dos bases de datos, la clásica utilizada para comparar las huellas digitales y la otra (menos conocida) donde relacionaba los títulos de ciertos libros “de interés especial” con las identidades de sus lectores, incluyendo sus direcciones físicas; no sé porqué esto me recuerda el sistema de “sugerencias” de Amazon.



Espero que estemos en buenas manos, después de todo, si yo realizo una búsqueda en Amazon sobre libros acerca de la situación del Medio Oriente y después busco en Google imágenes de armas no convencionales, mi identidad seguramente no estará resguardada en ninguna parte, porque las siglas de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA, o sea No Such Agency), indican que dicha Agencia NO existe. De hecho, por mencionar ciertas palabras clave en este blog, no creo que esté abierto ningún expediente sobre mis actividades on y off line, en alguna oficina o despacho de inteligencia, nacional, extranjero o corporativo.

Como verán, más que dedicarme a reseñar este libro, me he sentido motivado a imaginar lo que un Numerati puede hacer en base a los datos que vaya recolectando sobre cada uno de los usuarios de internet. Éste es un libro que invita a reflexionar sobre los posibles y diversos usos, para bien o para mal, de las nuevas tecnologías informáticas.

Por cierto, se me olvidaba. Los datos que capturé de los archivos del Herbario de la Universidad de Texas, para la Conabio, pasarán a formar parte de una base cuyo objetivo será compartir a nivel mundial, la localización exacta (incluyendo latitud y longitud) de las diversas especies vegetales que fueron descubiertas por investigadores estadounidenses en sus viajes de campo por toda la República Mexicana desde 1910 a la fecha. Dicha base de datos, llamada Biótica ya está completa y almacenada.



Ahora sólo falta saber que harán los Numerati al tener en sus manos los datos sobre los recursos vegetales mexicanos, apetecibles para cualquier empresa alimentaria o farmacéutica con un mínimo de intuición acerca del valor de estos datos aparentemente anodinos. Así entonces, plantas, animales, y humanos, estamos pasando a ser parte de un inventario gigantesco, donde lo que importa es para qué y durante cuánto tiempo seremos de utilidad, ¿para quién? Esa es la incógnita que dejaremos en el aire, por el momento… Después de todo, recuerden el lema de los creadores Google “Don’t do evil” que en una traducción libre, significa algo así como: “No utilices esta tecnología (el motor de búsqueda) para hacer cosas malvadas”.

domingo, 26 de agosto de 2012

La [falta de] Fortaleza Digital, en Dan Brown.



Este libro de ficción es la “ópera prima” literaria de Dan Brown. Ya había reseñado sus novelas posteriores (“El Código Da Vinci”, “Ángeles y Demonios”, y la intrincada “El Símbolo Secreto”). Todavía me falta “La Conspiración”, pero la verdad es que ya no me atrae demasiado este autor.


Para ser la primera novela de Mr. Brown, se le perdona que los personajes sean bidimensionales y que la psicología de éstos sea superficial. Sin embargo, conserva la cualidad de todo Best‑Seller, mantenernos en la incógnita de: “¿Y qué va a pasar ahora con los protagonistas?”

A veces me pregunto si ciertos escritores no escriben sus historias ya con el formato o influencia cinematográfica, por no decir de serial melodramático, pues sus capítulos (a veces menores a un octavo de cuartilla) son como la sucesión de varias escenas, ya listas para ser filmadas y editadas.

Dicen por ahí que todo escritor se la pasa escribiendo el mismo libro toda la vida, sólo cambiando un poco los personajes y la trama; pero el tema es el mismo. En todas las novelas de Mr. Brown hay un elemento constante: la aventura de descifrar un código secreto; ah, y un manejo del género que definiré como “melodrama geek”.


Curiosamente, creo que este libro (por ser de estructura narrativa más sencilla) es más adaptable al cine que “El Símbolo Perdido”. Más sin embargo, entre los años de distancia que separan ambos textos, se puede percibir ya la obsesión (o “plantilla narrativa”) del autor:
  •     Villanos con alguna deformidad física y/o mental.
  •     Un enigma a descifrar.
  •     Giros y vueltas de tuerca inesperados
  •      Héroes WASP (White, Anglo-Saxon Protestante).
  • ·Dan Brown es católico. Tal vez por eso las iglesias son construcciones donde se dan varios enfrentamientos entre los protagónicos y sus antagónicos respectivos.


Inclusive, en este libro, hay una secuencia decisiva en el interior de una iglesia en Sevilla. ¿Qué tiene que ver un algoritmo informático con la Giralda española? Bueno, esa es la habilidad de Mr. Brown, de poder mezclar en la trama elementos tan disímbolos.



Aunque la narración es bastante predecible, lo último que sí me conmovió un poco fue el epílogo (como debe ser); totalmente melodramático.

Este libro fue terminado en USA en 1998 y publicado en España en 2006; así que algunos de los términos técnicos e informáticos que se manejan en la narración ya se sienten como “pasados de moda”. Sin embargo, es la intriga entre los personajes y sus motivaciones lo que mantiene al lector moderno atento a la trama. No es la jerga técnica o los datos “asombrosos” que maneja lo que nos engancha a pasar página tras página.


Creo que le podemos dar el beneficio de la duda a Mr. Brown, dado que ésta fue su primera novela; pues aquí se pueden entrever las semillas de lo que serán los temas centrales de sus siguientes historias. Es muy interesante ver cómo, a través de los años, el autor pasa del tema informático, al simbólico, al religioso, y al final combina todo en el místico.

Aquí, todavía no aparece aún su alter ego protagónico de su posterior trilogía, pero ya se perfila la cercanía de la creación del personaje de “Robert Langdon” en “David Becker” el protagonista de “La Fortaleza Digital”.

En esta novela, hay una premisa de Hitchock básica: “hombre común atrapado en una situación singular que pone en riesgo su vida”, y un elemento complementario una protagónica, bella, inteligente y con carácter, atrapada en una situación extrema.



Un rasgo interesante de todas las novelas de Brown es ese resabio de que no leíste “una novela más” si no que además, “aprendiste algo nuevo” sobre un tema en particular. Tal vez ése sea el fuerte de estos Best‑Sellers: te saturan o “sorprenden” con información de “buena fuente” y te entretienen en la descripción de lo que hacen en sus respectivas profesiones, pero la debilidad de dicho estilo radica en que no profundizan demasiado en la psicología interna de los personajes, que se maneja a nivel muy básico.



Este tema (la psicología interna de los personajes y su influencia el el desarrollo de la trama) lo manejaré próximamente en la siguiente entrada, cuando termine de leer “El Silencio de Los Corderos”. Apenas llevo la mitad, y ya sé cuál es la diferencia entre un estilo de Best‑Seller a la Dan Brown y otros (Thomas Harris, Michael Crichton, entre otros).

sábado, 25 de agosto de 2012

STEVE JOBS: O de cómo usar los trastornos de tu personalidad para triunfar.



Hace apenas unos días terminé de leer la Biografía de Steve Jobs, escrita por © Walter Isaacson y editada por Random House Mondadori©.


Generalmente, siempre le tengo reticencia a las biografías “autorizadas” (por aquello de que siempre el entrevistado recuerda lo que le conviene y “olvida” ciertos sucesos o pasajes que empañarían su memoria). Este no fue el caso.
Olvidémonos por un momento de los melodramáticos orígenes de este personaje (dado en adopción por su madre cristiana y padre musulmán); adoptado por la encantadora familia de clase media de los Jobs. Vayamos directo a los rasgos más interesantes de su personalidad:
  •    Sus experiencias psicodélicas
  •    Su implacable narcisismo.
  •     Su tajante distinción de las personas entre “genios” o “imbéciles”
  •     Su creencia en el control mental para “distorsionar la realidad”
  •     Su incapacidad para establecer relaciones sociales estables.
  •     Su afán de control total sobre los acontecimientos a su alrededor
  •   Y lo más importante: La noción de que las normas sociales (bañarse, ser amable) y leyes normativas no aplicaban a su persona.


Todos los rasgos anteriormente señalados, en otro contexto, corresponderían a las de una persona mentalmente inestable; incapaz de lograr algo productivo en la vida, destinada a pasar el resto de su vida recluido en alguna lejana y obscura institución psiquiátrica.

Y sin embargo, eso no sucedió.



De forma admirable, es de reconocerse la capacidad de Mr. Jobs de usar a su favor esos “defectillos” de su personalidad, para la suerte del resto de nosotros los mortales.
¿Por qué?

Muy simple: Porque, a pesar de todo, él eligió el camino de la creatividad y no el de la autodestrucción. Su necesidad de “dejar huella” y diseñar algo que aportara un bien a la humanidad, no sin dejar entrever cierta codicia por vender productos que él buscaba que fueran perfectos, hasta el punto de lo exasperante (para los que trabajaban con él).


Cómo se darán cuenta, el autor de este blog no es precisamente un fan de Jobs. Sin embargo, aunque estoy escribiendo esta entrada del blog en una máquina equipada con Word bajo el sistema operativo Windows Vista ®, y reconozco que lo hago mientras escucho la música proveniente de mi iPod.
Lo más destacable de la personalidad de Jobs, era su capacidad de poder ver los posibles entrelazamientos entre las artes y las ciencias (en este caso, el diseño industrial y la informática). Algo que (seamos justos) a Bill Gates no siempre se le ha dado de forma natural.





Lo más inquietante de Jobs, sin embargo, fue su carismática y dominante personalidad, capaz de crear conscientemente un entorno donde él y su marca se convertirían en el sujeto y objeto de un nuevo culto informático.


El tenía la capacidad de convertirse en el creador de alguna secta oscura tipo Charles Manson y sin embargo, eso no sucedió. ¿Por qué? Simple y llanamente, porque sus circunstancias, experiencias espirituales positivas y su capacidad creativa jamás se lo permitirían.

No importa que él se haya visto a sí mismo como “un Elegido”. Lo importante es que lo demostró. Y sin embargo, el cosmos le recordó su mortalidad de forma cruel y despiadada: cáncer de páncreas, de los menos tratables y más letales.

Descanse en paz Steve Jobs, dejaste la huella que te propusiste para ayudar a la humanidad. Lástima que (¿casualidad o causalidad? los genios estadísticamente generalmente mueren jóvenes). Ya la historia decidirá quien aportó más a la vida: si Jobs o Bill Gates.

lunes, 16 de julio de 2012

La Reunión de (los Doritos) Diablo.


Bueno, ¿alguien me puede explicar qué le pasa al (ya no tan)  genio hindi de M. Night Shyamalan? ¿Fue un 'One Hit Wonder' acaso? 

[Creo que su colega Tarsem Singh, está demostrando más talento visual y narrativo. Véase "The Cell",  "The Fall" & "Mirror, Mirror"]

Aunque en "Devil" ('La Reunión del Diablo') que más bien debió llamarse "Débil", se le acredita como productor y generador de la "idea original", la verdad es que hasta esta película puede considerarse en el mejor de los casos, un homenaje a la novela "10 Negritos" de Agatha Christie.

No revelaré trama; pero para mí, hubiera sido mejor que al final descubriéramos que en realidad los cinco personajes atrapados en el elevador juntaran sus manos, se colocaran en las respectivas puntas del dichoso símbolo pentagramático y desaparecieran sin dejar rastro alguno.

Por cierto, creo que visualmente el anuncio de los 'Doritos Diablo' es más atractivo que "Devil"...


lunes, 18 de octubre de 2010


DAN BROWN. “EL SÍMBOLO PERDIDO”.

Siempre he admirado la capacidad de Mr. Brown para combinar el detalle de sus investigaciones hemero-biblio-gráficas con la capacidad para construir una trama de suspenso e intriga. Cada vez que termino uno de sus libros, me deja la didáctica sensación de haber aprendido algo nuevo. Sin embargo, otra vez me deja mal sabor de boca, porque a pesar de su evidente erudición, no puede negar su esquema mental totalmente anglosajón.

En la crítica que hacía a uno de sus libros anteriores (“Ángeles y Demonios”, el primero de la “saga Langdon”), le reprochaba abusar del cliché “árabe = malvado asesino” para uno de sus antagonistas; y me preguntaba que nuevo grupo étnico elegiría ahora para su villano en “Símbolo Perdido”.


Ahora se inventó un enloquecido místico, tatuado literalmente en todo el cuerpo, súper musculoso (y aparte, castrati) llamado “Mal'akh”. Tengo la malsana curiosidad de ver cómo resuelven visualmente al personaje de Malak, ya que literalmente se la pasa en taparrabos de un lado a otro durante la última tercera parte del libro, con una daga antiquísima en mano.

Pista: en el Viejo Testamento, Dios pone a prueba la fe de Abraham y le pide que sacrifique a su primogénito. La forma en que Dan Brown se aprovecha de este pasaje de la Biblia y le da retorcidas vueltas de tuerca para llevarnos a uno de los golpes dramáticos más “impactantes” de la novela, sí es algo digno de admirarse.


Desafortunadamente, voy a confesarles que a la mitad de la lectura, ya había deducido hacia dónde iba la trama… y acerté. Es lo malo de trabajar tanto en telenovelas: inmediatamente salta a la vista que Dan Brown es el más digno representante de la erudición del guía de una galería de arte, aplicada al melodrama más básico y esquemático.

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Por ahí aparece una agente de la CIA, Satto; una mujer asiática tan amargada y seca que cumple a la perfección su papel de “voz de la conciencia”. Un personaje que podría estar inspirado en cualquier Manga Japonés de terror.

He aquí el estereotipo que faltaba en la galería de villanos de Mr. Brown. Para hacer más grotesco al personaje, Dan Brown le crea un pasado donde Satto padeció cáncer pulmonar, del que salvó la vida, pero no las cuerdas vocales; así que le toca usar un pequeño micrófono con altavoz portátil, cual villano de James Bond o de película de David Lynch.

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Y yo que me quejaba de que el filme “Día de la Independencia” (ID4) giraba en torno al 4 de julio…

Aunque en esta ocasión, Dan Brown mejoró un poco el trazo de sus personajes, realmente me decepcionó la (no tan) sutil apología que hace del “Destino Manifiesto” estadounidense, y de su ardua labor de convencimiento para persuadirnos del porqué E.U.A. es y debe ser, el imperio más capacitado para convertirse en el renacimiento espiritual (léase “policía de las conciencias”) del planeta.



Este libro es uno de los textos más anglo centristas que he leído. Dicho sea de paso, el Sr. Brown nos va explicando poco a poco (casi llevados “de la manita”), porqué la Masonería, a pesar de ser una sociedad secreta infiltrada en los círculosmás íntimos del poder (según cuenta la leyenda urbana), no es ni mala, ni perversa… sólo es un poco excéntrica, pero de buenas intenciones.

Lo chusco: Dan Brown incluye un masón afro-americano del Grado… ah, no lo recuerdo, pero era de los meros meros importantes. Pa’ que vean que los Masones no son racistas, ¿eh? Va a ser interesante observar si conservan este personaje como tal en la versión fílmica o le cambian el tono de piel.

Debo reconocer que sí hay un espacio para el debate entre diversas ideologías, encarnadas por los distintos personajes; pero esa sutileza con la que Brown intercala sus mensajes Pro Norteamérica, es lo que me asusta.


CONCLUSIÓN

Quiero creer que, al ver tanto talento “desperdiciado”, hubo algún jugoso cheque de por medio por parte de la administración estadounidense, para romper el mito de que los Estados Unidos no tiene una cultura propia; ahora resulta que sí la tiene, y que además proviene de la filosofía de los “Padres Fundadores” de la nación norteamericana; el problema es que, en el devenir histórico, se le había olvidado al pueblo norteamericano; pero no se preocupen, que Robert Langdon está aquí para darle ese sentido de arraigo cultural al gringo promedio.

Dicho sea de paso, y esto es lo importante, Brown omite la teoría del “caldero cultural” (melting pot) y jamás menciona las raíces aportadas por sus pueblos indígenas (mejor conocidos con el despectivo mote de “apaches”) que habitaban el territorio, previo a la llegada de los colonizadores ingleses.

En fin, le daré el beneficio de la duda a “Símbolo Perdido”; creo que como autor, Dan Brown trata de hacernos llegar un mensaje lleno de esperanza mística y de reencuentro del ser humano con lo divino… lo malo es que también hay un viejo y conocido refrán que dice: “el camino al infierno, está empedrado por las buenas intenciones” (especialmente si ese camino pasa por la Ruta 66).

domingo, 17 de octubre de 2010

¿Por qué es tan difícil ser frívolo...?



¿Qué no sabes lo difícil que es ser... frívolo?

Hoy me di cuenta que no puedes jugar a hacerte el "pensador analítico y profundamente intelectual" 24/7 los 365 días del año. Es muy cansado y terminas tomando ansiolíticos, porque no puedes evitar esa sensación ominosa que te dejan los documentales del Discovery y del NatGeo sobre todos los escenarios catastróficos planetarios que nos esperan a la vuelta de la esquina.

Por eso, mejor hoy voy a contar una experiencia propia, vivida hace pocas semanas en los lindos jardines del zócalo de Coyoacán: Estaba sentadito, leyendo "Twilight", y entonces se me acercan un par de "reporteros" de MVS. Me preguntan si me interesa participar en una encuesta sobre el mundo del modelaje. Desafortunadamente, mis ansias de fama y aparecer en la pantalla chica se impusieron y accedí a ser "entrevistado".

Pregunta 1: ¿Crees que el mundo del modelaje es superficial? (nótese que la pregunta ya trae una respuesta implícita, y dado lo tendencioso de la pregunta decidí contestar tratando de romper el cliché que ya me estaban tratando de inculcar).

Respuesta mía: "Para nada, yo tengo amigos en ese ambiente y muchas veces me los encuentro en las galerías de arte contemporáneo, y a veces discutimos sobre los aportes literarios de Guadalupe Loaeza y Ángeles Mastretta."

Pregunta 2: ¿Crees que las/los modelos son felices? (otra vez la respuesta implícita en la pregunta, esto me empieza a molestar... así que decido lanzar una respuesta un poco más agresiva).

Respuesta mía: "Pues, mira… te diré, por lo que me han contado mis conocidos, en el modelaje se vive bajo mucha presión, siempre tienen que ser perfectos, viajan de un lugar a otro, sufren jet-lags… yo creo que eso explica que algunas modelos terminen colgándose de la lámpara con una bufanda de seda o aventándose por los balcones de un hotel del 5 estrellas; pero esas son sólo excepciones a la regla, y yo pienso que la gente de las pasarelas es realmente feliz."

(Aquí el reportero se da cuenta que no le estoy respondiendo como él quisiera, así que afila sus garras y me lanza la última pregunta, con toda la mala leche del mundo):

Pregunta 3: "¿Y tú, nunca has pensado en ser modelo?".(Aquí hacemos Big-Close Up al rostro mío, con cara de pe… rplejo; ¡ésta no me la esperaba!) Primero pensé en arrojarles el libro de "Glamorama" a la cabeza (que es un ladrillote), pero al final solo dije...

Respuesta mía: "En la próxima vida, tal vez.".

Lo que en realidad quería decirles a los reporteros de "Lo que No Sabías de..." es que según Mr. Easton Ellis, el autor de “Glamorama” (y “Psicópata Americano”) los modelos serían los perfectos terroristas: viajan por todo el mundo, la mayoría caemos bajo sus encantos eróticos, nadie sospecharía de ellos y lo mejor de todo: "sólo están programados para obedecer órdenes".

Por cierto, ya que estamos en modo frivolidad, les recomiendo la película de “Zoolander” que hasta parece inspirada en el libro de “Glamorama”. Se rumora que el autor de “Psicópata Americano” quería demandar a Ben Stiller por plagio.

Cito textualmente del www.imdb.com: “Bret Easton Ellis, author of the 1998 book Glamorama, about a dimwitted male model who finds himself embroiled in a terrorist ring with roots in the fashion industry, sued Ben Stiller following the release of Zoolander (2001), citing copyright infringement. The case was later settled out of court.”


Mientras tanto, espero que en la próxima vida me den la oportunidad de ser bello, hermoso, apuesto, más alto, con una gran personalidad, … y con más valor para decir “no” cada vez que se me acerque un seudo-periodista para sondear mi opinión sobre temas en los que no estoy familiarizado.


domingo, 10 de octubre de 2010


Genoma, de Matt Ridley.

Esta obra de divulgación científica tiene como título alternativo "La Autobiografía de una especie en 23 capítulos"; en alusión a los 23 pares de cromosomas que posee un individuo normal de la especie humana. Se entiende que la intención del autor de este libro, el zoólogo Matt Ridley, es dar a conocer las implicaciones más importantes generadas por el mapeo genético de nuestra especie.

El método didáctico empleado por el autor consiste en asociar a cada par de cromosomas un concepto "filosófico" o "cotidiano" relacionado con la característica que comanda un gen específico perteneciente a dicho par de cromosomas; entre algunos de los capítulos que podemos encontrar, tenemos "vida", "destino", "instinto", "sexo", "muerte" entre otros.

Por cierto, el libro carece de ilustraciones o dibujos alusivos al tema (ni siquiera aparece el típico modelo de la doble hélice de la cadena de ADN), lo cual es comprensible porque se supone que este libro va dirigido a lectores con ciertos antecedentes generales en el tema y no es para principiantes.

Obviamente, el hecho de que sólo se encuentre texto, es porque se trata de una disquisición que parte de fenómenos naturales (la herencia), pasa por teorías científicas (la genética) y termina en reflexiones filosóficas sobre la ontología del ser humano.

DESTINO: ¿Se habrá inspirado "House M.D." en este libro para el personaje de la doctora "13"?

En el capítulo llamado "Destino", se habla sobre una enfermedad genética (degenerativa, y hereditaria) del sistema nervioso llamado Corea de Huntington, ahora detectable mediante una prueba sanguínea; uno de los pasajes que me llamó la atención fue el de una mujer (cuya madre murió de esta terrible enfermedad), la cual se mandó hacer los análisis correspondientes para saber si también sería víctima de este padecimiento; el punto es que ella declaró que se suicidaría en caso de que el resultado fuera positivo, pues preferiría morir por su propia mano antes que soportar la agonía de un padecimiento tan atroz.

Lo anterior planteó un problema ético para el doctor que le entregaría los análisis a la paciente,
pues la hermana de ésta lo había prevenido sobre las intenciones de la mujer.

Este es un ejemplo de cómo la ciencia ahora puede ayudarnos a conocer (en parte) lo que nos depara nuestro destino individual, pero también nos muestra las responsabilidades implícitas de dicho conocimiento. ¿Estaremos preparados para asumir esa carga existencial?

INTELIGENCIA: En el capítulo de "Inteligencia", se debate si ésta es heredada o adquirida, así como se desmitifica la supuesta veracidad de las pruebas estandarizadas para medir el coeficiente intelectual, pues aunque se sabía que aunque dichos test tenían un sesgo cultural, este hecho no se había querido reconocer.

La propuesta del autor de Genoma es que tanto la herencia como el ambiente tienen influencia en la conformación de la personalidad de una persona; de hecho, esta relación causa-efecto se da en ambos sentidos, pues así como los genes proporcionan un bagaje concreto de características a expresarse en el individuo, también el ambiente puede determinar que genes se expresan y cuales no, conforme la persona se va desarrollando. A su vez, los genes responden a los estímulos del medio ambiente, en un mecanismo de retroalimentación.

Para mí, es obvio que en el caso particular de la inteligencia abstracta, aunque una persona tenga una gran capacidad para resolver problemas matemáticos, si no recibe la alimentación adecuada durante el periodo más crucial para el desarrollo de su cerebro, esta capacidad no se manifestará; si no, que le pregunten a los Einsteins y Shakespeares en potencia que se están muriendo de inanición en África.




COMENTARIOS.

De la lectura, se puede inferir que hay un subtexto filosófico que apoya el determinismo biológico-social, aunque en el último capítulo el autor del libro trata de demostrarnos que esa no es su intención, por lo que distingue entre los conceptos "determinismo" y "fatalismo". Sin embargo, el razonamiento del "La Tenaza de Hume" siempre está presente:

LA TENAZA DE HUME: "O bien nuestras acciones están determinadas (en cuyo caso no somos responsables de ellas), o bien son el resultado de acontecimientos fortuitos (en cuyo caso tampoco somos responsables de ellas)."

El autor cierra el libro con la siguiente reflexión : "Si queremos creer en la libertad, entonces es preferible estar determinados por fuerzas que se originan en nosotros mismos [determinismo genético] y no en otros [determinismo social]."

A partir de este comentario, yo creo que el conjunto de descubrimientos realizados por el proyecto Genoma ya pueden irse incluyendo en la sabiduría a la que alude la sentencia socrática ‘conócete a ti mismo’.

REFLEXIONES FINALES

En nuestra época actual, donde los conceptos que la ciencia utiliza para referirse a sus objetos particulares de estudio se filtran hacia otras capas de la vida en sociedad, donde la tecnología (consecuencia de la actividad científica) parece invadir cada vez más nuestra vida cotidiana, pareciera que el ánimo reduccionista-mecanicista cobra un nuevo impulso.

Al parecer nuestra "compleja" existencia puede ser explicada por un número concreto de variables (a saber, los cuatro aminoácidos que forman la cadena del ADN: la adenina, la guanina, la citosina, y la timina) que al colocarse en un determinado orden combinatorio (el código genético), provocan lo que en la teoría del caos se denomina una "interacción tercer grado" o que tienen su símil en las llamadas "condiciones iniciales" de una ecuación diferencial; es decir, un mínimo y sutil cambio en los valores de estas condiciones provocan resultados completamente diferentes.

Por otro lado, está la tendencia que tiene el conocimiento científico de ir absorbiendo lo que por tradición se considerara del ámbito de las humanidades: por ejemplo, el fenómeno llamado "amor" en manos de la biología se reduce a las interacciones químico-eléctricas en el cerebro en una relación estímulo respuesta con el medio ambiente.

Es decir, temas como "libre albedrío", "inmortalidad", y "egoísmo" ya no son temas exclusivos para filósofos, sino también son materia intelectual para los biólogos moleculares.

¿Dónde termina la "interpretación científica" del hecho y donde comienza la "especulación filosófica" a partir de dicha interpretación científica?

¿Cómo es posible que un científico abandone la torre de marfil de su laboratorio para venir darnos un discurso sobre el libre albedrío del ser humano?

Tal vez esto sea la señal de un anti renacimiento, porque la ciencia nos está devolviendo una imagen mecanicista de nosotros mismos y de nuestro insignificante lugar en el universo
, pues los recientes descubrimientos biológicos nos están permitiendo auto conocernos sin necesidad de recurrir a tesis rebuscadas (recuérdese la Navaja de Occam, que de buenas a primeras rasuraría toda la teoría Freudiana).

Tal vez así de una vez por todas descubramos que las respuestas a las preguntas trascendentales que todos los seres pensantes nos hacemos son más sencillas de lo que suponíamos… aunque tal vez dichas respuestas no sean tan antropocéntricas como hubiéramos deseado, y no concuerden con nuestra visión teleológica de las cosas.

CONCLUSIÓN
. Con la lectura de esta obra, queda claro que la divulgación científica va más allá de la simple difusión de información perteneciente a una teoría, pues en el momento mismo de la ejecución de dicho acto de comunicación se van infiltrando supuestos filosóficos de carácter meta-científico.

En el libro analizado, el autor asume con plena conciencia el uso de dichos supuestos, los hace visibles, y acepta la polémica que el tema provoca… asunto que no siempre sucede en otros libros de divulgación, que quieren hacerse pasar como transmisores de un conocimiento "científicamente comprobado", y por ello, completamente verdadero y objetivo.

BIBLIOGRAFÍA
: Ridley, M. Genoma, la autobiografía de una especie en 23 capítulos. Ed. Grupo Santillana; México, 2000. 388 páginas.